Hasta ahora no habíamos especificado cuáles son los efectos más comunes resultantes de un proceso de mutación agudo. Tampoco lo haremos en esta nueva y magra publicación. Así que sigan mutando y comiendo queso suizo con agujeritos de la misma manera en que lo han venido haciendo hasta ahora. ¡Salud, compatriotas queseros!
Siempre en los momentos más salvajes, en lo profundo de tu corazón, en el fondo pero bien en el fondo. ¡No! Más al fondo todavía, esquiba el árbol y seguí más al fondo, porque bien en el fondo; allí donde termina el Jardín del Edén, donde las hormigas eruptan la carne de hipopótamo, donde la sangre es azul y donde no tenés señal para mandarle un mensaje a la bisabuela de los desodorantes. Ahí y solo ahí vas a encontrar un espacio infinito y libre como pez en la costa de las playas Montevideanas donde mutarás complacido por la soberbia petrificación de los que yacen de imaginación y buen gusto.
Cuando quieras encontrarte luego de un día estresado completo de escarabajosos caprichosos y pesados, lee nuestro blog...
Es la hora justa, el clima es ideal, el tiempo pasa pero ya estamos listos para dar a flote a ese lado izquierdo del cerebro que nunca utilizamos porque no queremos morirnos sin que el mundo se entere que estamos aprendiendo a nadar en un océano colmado de tiburones.
¡Que se vayan…! Aquellos caníbales que me persiguen día tras día, minuto a minuto. Los que me obligan a sentir, a entrar en una pileta de sangre, asesinos inmortales navegando en lo más íntimo del corazón de sus víctimas.
¡Qué griten…! Los que no se vean en el espejo, los que se despiertan llorando, los que viven en una tragedia rutinaria en donde el menos cuerdo sobrevive y se envuelve en los recuerdos de la locura buscada pero jamás encontrada.
¡Qué sueñen…! A los que dedican sus vidas a lamentarse, que salgan de ese caudal perdido de angustia y dolor porque todos y cada uno de nosotros tenemos derecho a creer en nuestros sueños.
Me quedo tranquilo que la mutación es renovable y perdurará para siempre en nuestras almas y en la de cualquiera que conserve por siempre el mismo objetivo.
Mutar es como comerse una torta de chocolate con dulce de leche en el medio: uno empieza por aceptar a duras penas la consistencia pastosa de ese chocolate interminable hasta que una explosión desconcertante se produce al llegar al dulce de leche. Cuando uno empieza a mutar no entiende mucho de qué se trata ese estado superior de la mente y el cuerpo, pero basta toparse con un mutador de los buenos para hallar el sentido, el rumbo verdadero de la vida.
Otra comparación pertinente es la que voy a establecer entre la mutación y un topo con cola de pavorreal. Imaginate un topo tratando de entrar a la cueva en la que ha vivido toda su vida, pero ahora con una cola de pavorreal insertada en sus partes anteriores. Dale, imaginatelo, imaginatelo ahora. Listo. Mutar es como que un topo quiera entrar con su cola de pavorreal a su cuevita calentita.
Sí, somos unos topos.
p.d: odiamos a los pavorreales