Siempre en los momentos más salvajes, en lo profundo de tu corazón, en el fondo pero bien en el fondo. ¡No! Más al fondo todavía, esquiba el árbol y seguí más al fondo, porque bien en el fondo; allí donde termina el Jardín del Edén, donde las hormigas eruptan la carne de hipopótamo, donde la sangre es azul y donde no tenés señal para mandarle un mensaje a la bisabuela de los desodorantes. Ahí y solo ahí vas a encontrar un espacio infinito y libre como pez en la costa de las playas Montevideanas donde mutarás complacido por la soberbia petrificación de los que yacen de imaginación y buen gusto.
Cuando quieras encontrarte luego de un día estresado completo de escarabajosos caprichosos y pesados, lee nuestro blog...
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