Hay veces que nos sentimos tan desgraciados, tan ínfimos, que no tenemos siquiera la confianza suficiente para ejecutar una mínima mutación. Son esos momentos los ideales para mutar, sin embargo. Aquellos instantes fugaces en que sentimos que no somos nada y los pelos salen atropellados de esos lugares que tendrían que estar lampiños, son los que deben ser aprovechados para cortarnos las uñas y depositarlas suavemente, como por casualidad, en nuestra boca. Sentir su gusto calcinante, envolvente, magistralmente diseñado para enloquecer nuestro sentido gustativo y provocar la envidia de todo y de todos. Las uñas que hacemos entrar en nuestro cuerpo nos hacen vivir un poco más. Esto se da a raíz del hecho de que incorporamos una sustancia llamada "uñasol" que estimula una producción de elementos capilares discordante con los estándares aceptados por las concepciones estéticas de cualquier sociedad capitalista del planeta.
No queremos que, habiendo leído esta recomendación capital en la construcción de la conducta de cualquier ser humano (sí, usted también), nos haga caso. De ninguna manera. Nuestro propósito es que, de aquí en más, cualquier uña o desprendimiento de la misma que se registre en el ámbito de sus manos/pies, sea correspondientemente notificada, pues eso nos dará la posibilidad de acudir instantáneamente a devorar esos pedacitos de cielo que embellecen unos huesos finos y con piel que no sirven para nada pero sirven para todo, aunque no sirven para nada si tomaos en cuenta que sirven para todo, que son las manos, benditas manos peludas y callosas que pueblan los sueños de los transeúntes que a pesar de estar caminando sueñan sueños de colchones rojos y almohadas fosforescentes, limpias, condescendientes.